Tras la exhumación de la muralla alta de la Villavieja en los trabajos arqueológicos, se proyectó la consolidación de los paramentos que habían quedado descubiertos.

Como ejemplo contrapuesto a la intervención del castillo, la intervención en la muralla planteó la recuperación de una memoria ya perdida. Tras la excavación arqueológica se obtuvieron nuevos datos ya comentados anteriormente, principalmente la aparición del primitivo portal de acceso a la Villavieja, dos torreones defensivos y más de treinta metros de muralla en deficiente estado de conservación, muy afectados por el expolio, la climatología y flora del lugar.

La exposición a la intemperie de los elementos murarios en estado de ruina derivó en la degradación de los morteros pobres de las almas de los muros. Basándonos en el interés que despierta la observación in situ de estos restos, se planteó una intervención inicial de consolidación, que permitiera afianzar las fábricas para evitar su desmoronamiento. Además, en aquellos puntos (no paños completos) en los que cubrir morteros originales suponía pérdida alguna de información, se ejecutó una intervención de “reconstrucción” o rejunteo con mortero de cal hidráulica natural pura. En cualquiera de las situaciones se preservó la información original, de cara a posibilitar una reversibilidad razonable en coste.

El análisis realizado a los morteros permitió identificar su correspondencia con morteros de cal, presentando características comunes. La relación aglomerante/áridos es cercana a 30/70 y como norma general se constató la presencia de áridos de naturaleza silícea y carbonatada. Dentro de los áridos carbonatados aparecen fósiles de diferente naturaleza, circunstancia que parece indicar la presencia de diferentes fuentes de aprovisionamiento para los áridos. Por otra parte, la naturaleza magnesiana de los morteros sugiere que los carbonatos empleados para elaborar la cal correspondan, bien a las calizas magnesianas, bien a dolomías del entorno.

La intervención buscó que, una vez repuesta la capa vegetal retirada por la excavación arqueológica, pudiera mantenerse la lectura de los torreones y de la línea de muralla (perdida en determinadas zonas donde apenas conserva las dos primeras hiladas de altura). Esta obra se diferenció respecto a la original mediante su planeidad y geometría depurada, su retranqueo respecto al plano original, así como un rejunteo de gran espesor que prácticamente rasea el paramento y le diferencia de la textura propia de la ruina. La altura de reconstrucción será la imprescindible para que la traza de la muralla se reconozca en el terreno.

Toda nueva fábrica, en este caso las reparaciones de mampostería y la masa de cal en cabezas de muros, quedó debidamente separada de la obra original mediante malla de fibra de vidrio, de manera que se identificase claramente cuáles son sus límites y pudiera retirarse fácilmente el material de aporte en caso de decidir su desmontaje.