La intervención arqueológica efectuada en el Conjunto Monumental Portilla tuvo como objetivo “conocer” como paso previo a “intervenir”. Es decir, la estrategia de intervención estuvo condicionada por los trabajos arquitectónicos que debían acometerse en el castillo (en concreto, la construcción de una pasarela de acceso en el reciento inferior) y la Villavieja (la consolidación de la muralla alta), al tiempo que permitía valorar el potencial arqueológico del conjunto y efectuar un primer acercamiento sobre el origen y transformación del lugar. Para ello, se decidió intervenir en dos ámbitos:

  • El castillo (Zona 1), concretamente con la excavación en open area del espacio que hemos identificado como recinto inferior (excepción hecha de algunos espacios inaccesibles o cuya peligrosidad desaconsejaba su intervención) y de la estancia G situada en el nivel superior. Además, se efectuó la lectura estratigráfica de todo el complejo defensivo.
  • La villavieja (Zona 1000), acometiendo el control arqueológico de la piedra retirada por medios mecánicos en la muralla occidental alta (y parcialmente en la muralla oriental baja), así como la posterior lectura estratigráfica de sus alzados.

 Síntesis de los resultados alcanzados

Como indicamos, la intervención arqueológica efectuada en esta primera fase de estudio se realizó en dos sectores físicamente separados (el castillo y la Villavieja), por lo que se optó presentar los resultados separadamente. Conviene precisar además que los datos ahora presentados deben tomarse con las lógicas reservas, ya que si bien la lectura de alzados se extendió a todo el conjunto defensivo (castillo y murallas de la villa), la excavación de subsuelo se ciñó únicamente al recinto inferior del castillo, el cuerpo de guardia superior y la muralla alta de la Villavieja. Es por tanto un avance de resultados lo que presentamos y como tal debe entenderse hasta que no avancen las investigaciones del Conjunto Monumental de Portilla.

Vista general del castillo de Portilla con la situación de los diferentes niveles y estructuras mencionadas en el texto

El castillo

Las investigaciones arqueológicas efectuadas en el castillo permitierondocumentar una compleja articulación poliorcética organizada en tres niveles diferentes, cuya construcción (atendiendo a los análisis radiocarbónicos efectuados y a diferentes datos históricos) puede datarse en la primera mitad del siglo XI:

  • El nivel inferior. Situándonos en la cara meridional del imponente farallón rocoso que alberga el castillo de Portilla observamos la existencia de un pequeño collado donde se levantaba un cuerpo de guardia (A) que defendía el primer acceso al castillo por el sur. La robustez de las entalladuras y los diferentes mechinales abiertos en la roca hacen pensar en un gran edificio construido íntegramente de madera. Además, una pequeña garita (B) levantada sobre el escarpe oriental funcionaba como atalaya de control. Todo apunta a que esta estructura lígnea fue eliminada en el contexto del abandono y posterior destrucción del castillo que se efectuó a partir de la segunda mitad del siglo XV y el siglo XVI.

Este edificio permitía el acceso a un pasillo (C) que transitaba por la cara septentrional del farallón, el cual se encontraba defendido por una nueva garita de vigilancia de planta cuadrangular (D). Su técnica constructiva, orientada a ganar espacio útil al farallón rocoso, es sencilla pero efectiva. Los constructores comenzaron tallando en la roca un estrecho pasillo de un metro de anchura y apenas dos de longitud. Desde este punto en adelante, donde el farallón no permitía una anchura adecuada de paso, se labró la roca a una cota inferior (en ocasiones a más de un metro de altura), cajeándola escalonadamente y levantando sobre las camas creadas a tal efecto un muro de mampostería corrido. Este muro, junto al propio farallón rocoso, contenían un relleno interior de tierra y piedra que constituía un pasillo de aproximadamente 1,5 metros de anchura y 30 metros de longitud.

Este pasillo se comunicaba con otro camino que, desde la Villavieja, ascendía sinuosamente hacía el castillo. Ambos caminos convergían en una estructura en rampa levantada con sillarejo de notable calidad, actualmente desmantelada, donde pudo situarse la puerta de entrada por el norte (E).

  • El nivel intermedio. A través de la estructura antes descrita se accedía a la terraza intermedia del complejo defensivo, que habilitaba el acceso al recinto superior. Su técnica constructiva era, no obstante, similar a aquella.

Manteniéndonos en esta terraza, pero en su extremo occidental, se situaba además el aljibe (F) de la fortaleza, excavado parcialmente en la roca.

  • El nivel superior. El nivel superior del castillo se concibió como una plataforma barquiforme, delimitada en todo su perímetro por una muralla de piedra de grosor variable que ampliaba la escasa superficie de uso de la peña.

Esta “zona alta” de la fortaleza acogía las principales estructuras defensivas, productivas y habitaciones del castillo, distribuidas en siete espacios bien diferenciados. El primero de ellos (G), semiexcavado en la roca, constituía un nuevo cuerpo de guardia que controlaba el acceso al recinto, permitiendo la comunicación con dos espacios laterales. Uno al este, en el que destacaban dos estancias: una primera levantada sobre agujeros de poste (H) y otra segunda parcialmente excavada en la roca (I) que acogió una pequeña fragua destinada a la producción de cuchillos y otros útiles similares durante, al menos, el siglo XIV.En el extremo oriental se situaba un torreón semicircular (L) que cumplía labores indudablemente defensivas.

Recreación del Castillo de Portilla en el siglo XII

Hacia el oeste se sitúan las estructuras más destacadas. En primer lugar documentamos la torre del homenaje (J), levantada sobre un escarpe rocoso que hace de este edificio el más alto de la fortaleza. A pesar de su deficiente estado de conservación es posible determinar la presencia de un imponente edificio rectangular, en cuya planta baja se abrían sendos accesos enfrentados al este y oeste. Es posible imaginar además una planta sótano destinada a bodega y dos plantas superiores; una primera en la que se situaban los aposentos del señor y otra segunda provista posiblemente de un cadalso que combinaría funciones domésticas y de intendencia con las propiamente defensivas.

Inmediatamente al oeste de la torre se abrió un foso (K) de dimensiones notables, excavado cuidadosamente en la roca, que protegía el torreón de poniente. Su remate aún conserva las entalladuras de apoyo de las traviesas del puente que, por su extremo norte, salvaba el paso y facilitaba el acceso al mencionado torreón (LL). A juzgar por los restos conservados, se trataba de un torreón semicircular con, al menos, una planta de altura, dotado de pequeñas ventanas aspilleras.

 

Recreación de la Villavieja de Portilla

La Villavieja

La secuencia estratigráfica registrada en la Villavieja (presentada en actividades, de más antigua a más moderna) fue la siguiente:

  • 1.- La ocupación protohistórica. La actividad más temprana documentada fue un extenso estrato de coloración negruzca localizado extramuros de la muralla alta, en el que se recogieron diversos fragmentos cerámicos pertenecientes al Bronce Final o Hierro I.
  • 2.- La construcción de las murallas. Cortando este estrato se levantaba la muralla alta, de la que la intervención arqueológica exhumó más de una treintena de metros ocultos por las actividades que describiremos más abajo. Aunque apenas conservaba 2 metros de alzado máximo, destacó la aparición del primitivo portal de acceso a la Villavieja y de dos torreones defensivos. Se trataba de una estrecha puerta de apenas 2,2 metros deluz, destinada al paso de personas y animales, que aún conserva uno de los huecos donde iba encajado el alamud de cierre.

Con estos datos se pudo concluir que la muralla alta poseía un recorrido total de aproximadamente 113 metros lineales y cerca de 8 metros de altura, jalonado regularmente por cinco torreones semicirculares, dos de los cuales protegían la puerta abierta en su costado meridional, siguiendo un esquema clásico de portal torreado documentado en varias villas medievales del entorno. Su fábrica, muy homogénea en todo su recorrido, se caracteriza por presentar un aparejo de mampostería careada con módulo cuadrangular/rectangular de pequeño y mediano tamaño, dispuesta en hiladas regulares, con presencia alterna de lajas en posición oblicua. Mantiene un grosor uniforme de 1,80 metros.

Por otra parte, La lectura estratigráfica efectuada a todo el cinturón defensivo determinó una gran homogeneidad entre el aparejo de la muralla alta y la muralla baja, que fue ratificada posteriormente por los resultados de los análisis radiocarbónicos. Estos análisis determinaron una cronología situada entre fines el siglo X y la primera mitad del siglo XII d.C., pudiendo suponer una obra coetánea a la del castillo.

  • 3.- El abandono de la Villavieja y su reconversión en campos de cultivo. Adosado al interior de la muralla se depositaba un potente relleno de tierra orgánica y coloración negruzca, con abundante piedra suelta, que amortizaba todo el espacio superior.

Vista actual de la Villavieja, en la que aún se puede apreciar el sistema de terrazas agrícolas

Todo apunta a que esta actividad afectó de manera íntegra a la Villavieja. Así, se comenzó la construcción de diversos muros de aterrazamiento y la deposición de potentes paquetes de tierra orgánica destinados a crear un sistema de terrazas agrícolas que se ha mantenido hasta la actualidad.

Respecto a su cronología, a falta de acometer la excavación arqueológica del poblado intramuros, todo apunta a que debió emprenderse mediado el siglo XVI. Así, aunque el material cerámico recuperado muestra importantes tasas de residualidad (resultado de los aportes de tierra secundarios procedentes del entorno), es significativa la ausencia de producciones esmaltadas, circunstancia que permite fechar el contexto con anterioridad al siglo XVII (Escribano, 2013 y 2014).

Por otra parte, la conversión del poblado en campos de cultivo tuvo que efectuarse obligatoriamente después del abandono definitivo de la Villavieja y de que sus habitantes pasaran a residir al arrabal. En este sentido, sabemos por un documento de “Concordia entre las villas de Portilla y Berganzo” datado en 1530 que, a diferencia de esta última localidad, Portilla nombra dos procuradores generales (Martín Sáenz de Estavillo y Diego López de Tobera) que, a su vez, nombran como juez árbitro para los pleitos con Berganzo a Fernán García, cura clérigo beneficiado de la iglesia de Santa María de Portilla (Altarriba, 2000: 247). De ello se puede inferir la existencia todavía de dos poblaciones en Portilla, la Villavieja y el arrabal, con sendos procuradores y una sola parroquia en la Villavieja.

Sin embargo, algunos años más tarde, en 1540, comienza la construcción de la iglesia en el arrabal (dedicada al Salvador) y sólo dos años después, en 1542, el obispo de Calahorra (Antonio Ramirez de Haro) da licencia para que la parroquia se traslade desde la primitiva iglesia de Santa María (que quedará convertida en ermita) a la recién construida del Salvador en el arrabal (Echeverria, Vélez, 2011: 457). La parroquia y con ella, muy posiblemente, los vecinos que aún habitaban la Villavieja, integrando el barrio jurídicamente dependiente de los Condestables y duques de Frías, señores de la Villavieja y su fortaleza.

  • 4.- La destrucción de la muralla. Esta actividad registra el proceso de desmantelamiento realizado a la muralla, tanto en forma de interfaces de destrucción como de un voluminoso estrato de piedra suelta y mortero acumulado sobre los restos conservados del propio muro y del área extramuros.

Esta última circunstancia, unido al hecho de que el nivel agrícola contenía numerosa piedra de características similares a la fábrica de la muralla, permite plantear la hipótesis de que la destrucción de la muralla responde mayoritariamente a la necesidad de proveerse de la piedra suficiente para levantar las terrazas agrícolas y reconvertir la vieja aldea y todo su entorno en campos de cultivo. En cualquier caso, no existen criterios estratigráficos para descartar que este desmantelamiento fuera realizado también en fechas posteriores, como ocurrirá con la ermita.

  • 5.- La destrucción de la ermita de Santa María. Al igual que en la muralla, la destrucción de la ermita se reconoce a través de las diferentes interfaces de destrucción y de un gran estrato de piedra suelta acumulado en el interior del templo y su entorno inmediato.

No obstante, en el caso de la ermita, los estratos de piedra suelta resultantes de su destrucción eran estratigráficamente posteriores a los aportes de tierra agrícolas. Una estratigrafía que se ve confirmada por el registro escrito, ya que la ermita se mantuvo en pie hasta 1762, por ser donde “iban las procesiones de penitencia de la Semana Santa” (Altarriba, 2000: 255). Su destrucción se produjo, por tanto, avanzada la segunda mitad del siglo XVIII.